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Me gusta saberlo.

Me gusta imaginar que la libertad existe.

Me gusta existir libre.

Me gusta sentir que la idea es posible.

Me gusta llegar.

Me gusta acercarme a ese lugar

donde los detalles se conciben

como algo verdaderamente real

que me identifica.

Me gusta crear. Eso y aquello.

Y esto otro.

Me gusta caminar sobre vidrios

cantando una canción de protesta.

Me gusta protestar sin usar las palabras

que ellos esperan.

Me gusta protestar sin hacerlo.

Esa es mi libertad.

Me gusta quererlo.

Me gusta un monte que conozco

y solo yo veo.

Me gusta porque hay pájaros

azules, grises y verdes.

Me gustan los sonidos.

Me gusta ser miembro de la tribu mundial

que habla con aves,

y vuela junto a ellas.

Me gustan los árboles porque son altos

inteligentes ramas

 aprovechan la suerte

y miran por encima de mis ojos.

Me gusta la noche.

Me gusta caminar por la calle vacía

y sentir que la luz amarilla

de la columna solitaria

 toca mi piel.

Me gusta tomar conciencia

de mis errores, de mis faltas

y de los pobres intentos.

Me gusta evitar mi mal aliento.

Me gusta el imperio

porque todavía no llegó hasta aquí

(y me toco la sien.)

Me gusta creerlo.

Me gusta el rayo que me asusta.

Me gusta la tormenta que le moja los pechos.

Me gusta el viento que busca la salida.

Me gusta la piedad

porque está en boca de todos

y en el corazón de nadie.

Me gustan las visitas

que llegan cuando no deseo

y se van cuando quiero.

Me gusta la molestia

que te saca del asiento.

Me gustan los edificios que se levantan

para que la gente caiga.

Al menos le dan la posibilidad.

Me gusta la batidora

cuando hace merengue.

Me gusta el merengue cuando

se posa en tu boca.

Me gusta tu boca cuando me enseña

aunque sea por momentos

que el amor también existe.

Me gustan los amantes

porque se miran en silencio.

Me gustan cuando se besan

esperando que no sea

 el último

polvo

llanto

y beso.

Me gusta respirarte.

Me gusta llegar solo

al gran galpón oculto

escondiendo el cine

donde esperan mis amigos.

Me gusta encontrar palabras

para decirte que así es el cielo.

Me asusta la similitud

entre consumismo y comunismo.

Me gusta la ventana

porque afuera se mueve

y yo estoy quieto.

Me gusta el río

que te ahogó cuando eras chico.

Me gusta la muerte

porque me empuja a estar vivo.

Me gusta la estufa

que permite apoyar tu espalda desnuda

en la tibieza de mi pecho.

Me gusta el Sol

porque viviendo solo

logró su destino.

Me gustan los naipes

porque siempre adivino

que la plata te gusta

más que el vino.

Me gusta la contradicción

porque está libre

de ceros y unos.

Me gusta cuando los números

son tan bellos que se funden

y por fin aparece

una pintura

tu voz

y un mar de esculturas.

Me gusta fumar el porro clandestino

porque evidencia las mentiras

del insalvable poder político.

Y el humo espeso

muta en

revolucionario desatino.

Me gusta soñar

que en todas las casas

viven los libros

que yo nunca tuve

y siempre he querido.

Me gusta un puño

bien duro y frío

que mueva los dientes

del discurso vacío.

Me gusta el círculo

donde no hay principio.

Me gusta ser diablo

sacudiendo tu piso.

Me gusta la corbata

que disimula el brillo.

Me gusta saber

que nada está decidido

que mañana puede ser,

que ya no sea el mismo.

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